Para
viajar es necesario un equipaje de olvido (09.07.2019)
Son
la diez de la mañana, me despierto sobresaltado creyendo que era más tarde. Me
asomo a la ventana y veo un día gris, triste y lluvioso, el cielo está cubierto
de nubes negras, pero no me importa, hoy es el día. Ayer a última hora hice la
maleta, creo que metí lo necesario para este viaje tan especial.
No
dejé nada al azar, minuciosamente lo organicé, no quería olvidar nada.
Miro
el reloj de nuevo, estaba en hora. Desayuno despacio, con calma. Me pongo a
recordar lo que tengo que hacer desde el primer instante que ponga los pies en
la calle. Evoco la conversación que tuve ayer con Juan, mi querido y entrañable
amigo, para que dispusiera de todo lo que aquí, en casa, voy a dejar. Lo demás,
le había dado órdenes y firmado poderes a mi abogado para que me representará
en cualquier caso o circunstancia.
Ya
son la 12 del mediodía, me espera un taxi en la puerta. Cargo con la maleta y
salgo de casa. Una vez en el vehículo, le indicó al conductor que me lleve a la
estación del ferrocarril. Tengo de trayecto más o menos cuarenta y cinco
minutos. Mientras circulamos, observo el billete del tren que he sacado de mi
chaqueta, lo miro con curiosidad y admiración. Todavía no me lo puedo creer. Me
pongo a recordar los motivos que me decidieron a dar este paso, a cambiar todo.
Poco a poco me viene a la mente los detalles y lo hechos que me obligaron a
tomar tan drástica decisión. Ayer ésta era mi vida, hoy es una carga, un
lastre, que me impide vivir, disfrutar de la vida. Ya nada me puede detener, he
roto esos lazos que me ataban a esta situación insufrible.
¡Por
fin, voy a cambiar!
Hecho
la vista para atrás, veo pasar mi vida, si a eso se le puede llamar vida. Sólo
veo dolor y soledad, angustia. En su momento me lo predijo el médico, que cada
vez me sería más dificultoso aguantar. La situación empeoraría con el pasar del
tiempo. No le creí. Yo, una persona que lo tenía todo previsto, hasta el último
detalle. Organizada toda mi vida. Que no daba un paso sin antes meditar,
razonar, ver los pros y los contras. Que todo lo tenía anotado para que nada se
me olvidará, se me pasara. Mi dietario tenía rellanado hasta el último hueco,
todo era anotaciones, nada de lo que hiciera lo dejaba a la suerte, a la fortuna.
Un
brusco giro del taxi me devuelve a la realidad. Ya diviso la estación al final
de la calle. Saco la cartera para que se cobre la carrera.
Estoy
en el vestíbulo de la estación, miro los paneles informativos. En el recuadro
de las 12 horas, veo mi tren. Leo anden 12. Tengo tiempo de tomar un café, por
lo que me dirijo a la cafetería. Le pido al camarero un café con leche.
Mientras me dispongo a disfrutar de esa exquisitez, me digo —Tienes tiempo.
Pronto pasará todo— Me viene de nuevo los recuerdos del pasado, la soledad, el
sufrimiento. Todo aquello que me forzó a ser drástico con mi vida, a tomar la
decisión de borrar todo aquello que me hacía un infeliz.
De
pronto y a los lejos, como si fuera un eco, oigo una voz que pronuncia mi
nombre.
—¿Qué
pasa? Me digo.
La
voz insiste de nuevo. Más fuerte me llama. Oigo, pero no veo nada. La voz me
fuerza abrir mis ojos. Me doy cuenta que estaba dormido. Ahora si me veo. Estoy
postrado en una cama. Todo es blanco, paredes, techo, sábanas, colcha. —¿Dónde
estoy? —Me pregunto. ¡Por fin recuerdo todo!
Estoy
en una habitación de un hospital, entubado, conectado a una máquina por medios
de unos cables. Hoy me van a desconectar de esta infernal máquina que me
mantiene con vida artificialmente, que me ata al dolor, a la soledad.
Hoy
por fin, voy hacer ese viaje con el equipaje del olvido.
Hoy
cierro los ojos, todo se borra, se desvanece, se apaga.
Por
fin el olvido hace mella en mí. Ya no sufriré más.
Hoy
por fin comienzo una nueva vida. Hoy empiezo a vivir, a ser feliz.
Gracias.
Adiós.
bayekas

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