Café
de la Rambla
Mi
querido Salvador:
Cuando
arrancó el automóvil, la oca empezó a graznar y a decirme cosas del Duomo de
Milán. Yo estuve a punto de tirarme del coche para quedarme contigo
(contiguito) en Cadaqués, pero me detenía el expresivo reloj pulsera de Pepe y
la nariz de Pepe que echaba en la mañana al baño de María de París un canalito
de sangre clara duro en su cara lastimosa. Al despedirme de los Qucurucuchs en
el recodo de la carretera, te he visto pequeño comiéndote una manecita roja con
aceite y utilizando un pequeño tenedor de yeso que te sacabas de los ojos. Todo
con una ternura de pollo recién salido del cascarón y tiu tiu y de pirriti
mano. ¡Ay!
Ahora
sudo y sufro un calor insoportable. Cadaqués tiene la alegría y la permanencia
de belleza neutra del sitio donde ha nacido Venus, pero ya no se recuerda. Va
hacia la belleza pura. Desaparecieron las viñas y se exaltan día por día las
aristas que son como las alas y las olas que son como las aristas. Un día la
luna, mojada con elasticidad de pez mojado y la torre de la iglesia oscilará de
goma blanda sobre las casas, duras o lastimosas de cal o de pan mascado. Yo me
entusiasmo pensando en los descubrimientos que vas a hacer de Cadaqués y
recuerdo al Salvador Dalí neófito lamiendo la cáscara del crepúsculo sin entrar
dentro todavía, la cáscara rosa palidísima de cangrejo puesto boca arriba. Hoy
ya estás dentro. Desde aquí siento (¡ay! hijo mío, qué pena) el chorrito suave
de la bella sangrante del bosque de aparatos y oigo crepitar dos bestiecitas
como el sonido de los cacahuetes cuando se parten con los dedos. La mujer
seccionada es el poema más bello que se puede hacer de la sangre y tiene más
sangre que toda la que se derramó en la Guerra Europea, que era sangre caliente
y no tenía otro fin que el de regar la tierra y aplacar una sed simbólica de
erotismo y fe. Tu sangre pictórica y en general toda la concepción plástica de
tu estética fisiológica tiene un aire concreto y tan proporcionado, tan lógico
y tan verdadero de pura poesía que adquiere la categoría de lo que no es
necesario para vivir.
Se
puede decir: ”iba cansado y me senté a la sombra y frescura de aquella sangre”;
o decir: “bajé el monte y corrí toda la playa hasta encontrar la cabeza
melancólica donde se agrupaban los sabrosos bestecitos crepitantes tan útiles
para la buena digestión.”
Ahora
sé lo que pierdo separándome de ti. La impresión que me da Barcelona es la
impresión de que todo el mundo juega y suda con una preocupación de olvido.
Todo es confuso y embistiente como la estética de la llama, todo indeciso y
desquiciado. Allí en Cadaqués la gente se siente no en el solo suelo todas las
sinuosidades y poros de las plantas de los pies: ahora veo como en Cadaqués me
sentía los hombros: es una delicia para mí recordar las curvas resbaladizas de
mis hombros donde por primera vez he sentido en ellos la circulación de la
sangre en cuatro tubitos esponjosos que temblaban con movimiento de nadador
herido.
Quisiera
llorar, pero con el llanto sin conciencia de Luis Salleras o con el canto
estupendo de cuando tu padre tararea la sardana “Una lagrima”.
Me
he portado como un burro indecente contigo que eres lo mejor que hay para mí. A
medida que pasan los minutos lo veo claro y tengo verdadero sentimiento. Pero
esto sólo aumenta mi cariño por ti y mi adhesión por tu pensamiento y calidad
humana. Esta noche ceno con todos los amigos de Barcelona y brindaré por ti y
por mi estancia en Cadaqués pues las plazas del express estaban tomadas.
Saluda
a tu padre, a tu hermana Ana María a quien tanto quiero y a Raimunda. Acuérdate
de mí cuando estés en la playa y sobre todo cuando pintes las crepitantes y
únicas cenicitas, ¡ay, mis cenicitas! ¡Pon mi nombre en el cuadro para que mi
nombre sirva para algo en el mundo y dame un abrazo que bien lo necesita tu
Federico!
¡Hace
un calor espantoso!
¡Pobrecito!
Que
hagas el artículo de mi exposición y que me escribas, hijito

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