El
tonto del pueblo (18.03.2020)
Se
cuenta que, en una localidad de interior, un grupo de personas se divertían con
el tonto del pueblo, un pobre infeliz de poca inteligencia, que vivía haciendo
pequeños mandados y limosnas.
Diariamente
algunos hombres llamaban al tonto al bar donde se reunían y le ofrecían escoger
entre dos monedas: una de tamaño grande de 400 reales y otra de menor tamaño,
pero de 2000 reales.
Él
siempre cogía la más grande y menos valiosa, lo que era motivo de risas para
todos.
Un
día, alguien que observaba al grupo divertirse con el inocente hombre, le llamó
aparte y le preguntó si todavía no había percibido que la moneda de mayor
tamaño valía menos y este le respondió:
—Lo
sé, no soy tan tonto, vale cinco veces menos, pero el día que escoja la otra,
el jueguito acaba y no voy a ganar más mi moneda.
Esta
historia podría concluir aquí, como un simple chiste, pero se pueden sacar
varias conclusiones:
—La
primera: Quien parece tonto, no siempre lo es.
—La
segunda: ¿Cuáles eran los verdaderos tontos de la historia?
—La
tercera: Una ambición desmedida puede acabar cortando tu fuente de ingresos.
Pero
la conclusión más interesante es: Podemos estar bien, aun cuando los otros no
tengan una buena opinión sobre nosotros mismos. Por lo tanto, lo que importa no
es lo que piensan de nosotros, sino lo que uno piensa de sí mismo.
"El
verdadero hombre inteligente es el que aparenta ser tonto delante de un tonto
que aparenta ser inteligente"

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