Si
la cara va a limpiarse,
hágalo
sin apurarse,
con
cuidado y muy despacio.
Saque
el paño poco a poco,
o
como quiera sacarlo,
pero,
cuando vaya a usarlo,
no
lo haga usted a lo loco.
Revíselo
cuidadoso
antes
de ir a proceder,
para
que así pueda ver
sí
no hay algo sospechoso.
No
vaya a hacerlo violento
y
nomás al aventón
ni
vaya a darse el limpión
como
quien limpia un jumento.
Pues
le puede suceder
lo
que a Luis le sucedió,
que
la sangre se sacó
y
él ni lo echaba de ver.
O
puede pasarle a usé
lo
que a don Juan le pasó,
que
todo se tasajió
y
no supo ni por qué.
Y
por más que le buscaba
el
motivo y la razón,
se
hacía pura confusión
y
nadita que le hallaba.
Por
eso les digo a todos:
‘Límpiense
con mucho tiento,
despacio
y con buenos
modos,
no nomás al ai te aviento’.
NOTA.
Acontece muy seguido que gentes poco cuidadosas y de poca reflexión se suenan
las narices y, sin más ni más, sin tomar ninguna precaución, se guardan el paño
en la bolsa y no vuelven a acordarse del negocio.

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