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a.C.
No
siempre la opulencia de un banquete se mide por la amplitud de la carta o
de las libaciones. Si no, que se lo digan a la mítica Cleopatra, última reina de Egipto, y a su amante Marco Antonio, insigne político romano. La chispa entre ambos, dicen, prendió precisamente en esta cena (en el cuadro), la más cara de la historia –al cambio, más de diez millones de euros–, celebrada en Tarso (Cilicia, Turquía) para negociar su coalición. El fabuloso coste se debió a que Cleopatra, para impresionar al triunviro, apostó que podría consumir diez millones de sestercios de una sentada: acto seguido, disolvió dos grandes perlas en una copa de vinagre y la apuró sin dejar gota.
de las libaciones. Si no, que se lo digan a la mítica Cleopatra, última reina de Egipto, y a su amante Marco Antonio, insigne político romano. La chispa entre ambos, dicen, prendió precisamente en esta cena (en el cuadro), la más cara de la historia –al cambio, más de diez millones de euros–, celebrada en Tarso (Cilicia, Turquía) para negociar su coalición. El fabuloso coste se debió a que Cleopatra, para impresionar al triunviro, apostó que podría consumir diez millones de sestercios de una sentada: acto seguido, disolvió dos grandes perlas en una copa de vinagre y la apuró sin dejar gota.

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