Parece
muy sencillo, pero no lo es. Tiene sus triquiñuelas, muchas de las
cuales no saben ni aun los mismos carpinteros.
cuales no saben ni aun los mismos carpinteros.
Una
de ellas sirve para clavar clavos en una tabla muy delgada, sin que ésta se
raje. El sistema que hay que emplear parece á primera vista absurdo: pruébese,
sin embargo, y se verá que es sumamente práctico. Consiste sencillamente en
machacar bien la punta del clavo, de modo que en realidad desaparezca dicha
punta; si después de hecho esto se raja la tabla, es que la punta no está
bastante quitada.

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