El
ofendidito (13.04.2020)
Hay
un nuevo léxico al que los ultraconservadores han cambiado de sentido y ahora
sirve para descalificar
Lucía
Lijtmaer (10 noviembre 2018 )
Desde
hace poco, un nuevo léxico desborda la opinión pública. Tenemos
“ofendiditos”, “nuevas puritanas” y “adalides de lo políticamente correcto”. Estas expresiones se han popularizado velozmente, y se usan, casi indistintamente, para definir al sujeto preocupado en exceso y en muchas ocasiones escandalizado por algún suceso cultural o mediático de alto impacto.
“ofendiditos”, “nuevas puritanas” y “adalides de lo políticamente correcto”. Estas expresiones se han popularizado velozmente, y se usan, casi indistintamente, para definir al sujeto preocupado en exceso y en muchas ocasiones escandalizado por algún suceso cultural o mediático de alto impacto.
De
todos estos, el ofendidito es el que ridiculiza abiertamente a quien describe.
El ofendidito, como parodia Pantomima Full, es aquel que tiene el gatillo fácil
para la indignación por lugares comunes o causas minoritarias, clama al cielo, y corre a
opinar para recuperar la tranquilidad moral.
Poco
se habla de que el ofendidito es casi un calco de lo que se bautizó como la
snowflake generation, y que Trump ha hecho famosa en numerosos tuits. Partiendo
de la idea de que cada niño es un individuo único, como un copo de nieve,
snowflake fue antes sinónimo de flojo; más adelante, de políticamente correcto,
y ahora se ha convertido en un insulto contra los progresistas anti-Trump.
Tanto
ofendidito como políticamente correcto y nueva puritana han sufrido las mismas
mutaciones de sentido, sin que casi nadie haya buscado su trazabilidad léxica
y, por tanto, su intención.
Tanto
la corrección política como el nuevo puritanismo eran conceptos poco comunes
antes de los años noventa. Como explica Moira Weigel en The Guardian, la
corrección política se usaba irónicamente entre activistas de izquierda en EE
UU como sinónimo de ortodoxia y pensamiento dogmático en los años setenta.
Su
mutación ocurre en 1990, cuando The New York Times publicó un artículo de
Richard Bernstein titulado The Rising Hegemony of the Politically Correct,
donde alertaba de “una creciente intolerancia” y “el final del debate” en los
círculos activistas universitarios. Bernstein describía “una ideología no
oficial expresada como una amalgama de opiniones sobre raza, ecología,
feminismo y política exterior define una actitud correcta hacia los problemas
mundiales”.
El
artículo era demasiado suculento para ser ignorado. El nuevo término
desencadenó un alud periodístico y mediático. Los medios cubrieron la aparición
de esta generación políticamente correcta, tildándola en ocasiones de “nuevos
fascistas” (The New York Magazine) e “intolerantes” (Time). Pero estos
artículos no aparecieron solos, venían precedidos de una red de donantes que
llevaba al menos desde 1971 alimentando una contrarreforma neoconservadora
universitaria. Como disecciona Jane Mayer en Dinero oscuro, las familias Koch,
Olin, Scaife, Coors y Bradley, entre otras, fundaron think tanks, institutos, y
dotaron de becas, posdoctorados y lectorados a estudiantes conservadores en
universidades de prestigio.
La
financiación de esta nueva inteligencia neoliberal ha dado frutos también en la
Heritage Foundation, uno de los lobbies más activos pro-Trump o la Scaife
Foundation, que financia organizaciones islamófobas y antiinmigrantes. Todo es
resultado de la acción desarrollada desde los años setenta. También el éxito
del movimiento ultraconservador Tea Party y la oleada de supremacismo político
se basan en los pilares construidos en cuarenta años.
El
salto del término “corrección política” a la arena política vino de la mano de
H. W. George Bush en 1991 en su discurso en la Universidad de Michigan. “La
noción de corrección política ha desatado la controversia por todo el país. (…)
Hay ciertos temas de los que no se puede hablar, ciertas expresiones y ciertos
gestos que no se pueden hacer”.
Bush
abría la veda para la idea ultraconservadora de lo que hoy conocemos como
corrección política: un movimiento organizado y consciente de sí mismo que
limita la libertad de expresión. Desde entonces, la corrección política para la
derecha sería censuradora. Así lo narra la derecha también hoy en España.
¿Y
qué hay del nuevo puritanismo? Hoy se usa como sinónimo de restricción moral en
cierto feminismo contemporáneo, pero el término es de principios de los
noventa, cuando la activista Karen DeCrow y la académica Elizabeth Fox Genovese
relacionan por primera vez puritanismo con feminismo. Es Fox Genovese,
conservadora y antiabortista, quien le dedica un artículo y esta definición:
“Un nuevo puritanismo emerge en los escritos de las feministas radicales que
analizan toda forma de sexualidad masculina como un acto de agresión contra las
mujeres”.
Si
H. W. Bush definía la nueva corrección política, es su hijo George W. Bush
quien entregaría la prestigiosa medalla National Humanities en 2003 a Fox
Genovese, principal impulsora del “nuevo puritanismo” feminista.
Hay
que preguntarse por qué ahora —y no antes— se recuperan y adoptan estos
términos, siempre para calificar al otro, siempre con intención. Qué enorme
ironía, la Nueva Era Puritana existe, y no estamos señalando a los
ultraconservadores, algunos descendientes del Mayflower, que la inventaron como
insulto.
https://elpais.com/elpais/2018/11/09/opinion/1541784667_806598.html

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