En
los días, los guía el sol. En la noche, las estrellas.
No
pagan pasaje, y viajan sin pasaporte y sin llenar formularios de aduana
ni
de migración.
Los
pájaros, los únicos libres en este mundo habitado por prisioneros,
vuelan
sin combustible, de polo a polo, por el rumbo que eligen y a la hora
que
quieren, sin pedir permiso a los gobiernos que se creen dueños del cielo.

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