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viernes, 17 de abril de 2020

Tertulias aristocráticas - La de la Marquesa de Squilache 14 julio 1899 (17.04.2020)

Tertulias aristocráticas - La de la Marquesa de Squilache 14 julio 1899 (17.04.2020)
No vamos a hablar de las grandes tiestas que se celebran una o dos veces en
el año en los suntuosos salones que en el piso principal del palacio de Villahermosa habita la ilustre viuda de D. Martín Larios, ni siquiera de las animadas recepciones de los viernes en las que congrega a un número limitado de sus amigos; de unas y otras la prensa diaria informa detalladamente a sus lectores, y en sus descripciones, hasta las personas de menos fantasía hallan sobrada materia para trasladarse con la imaginación a otras épocas ya lejanas en que eran proverbiales y por la fama consagrados el fausto y esplendor de nuestra aristocracia.

Destinadas estas crónicas a las tertulias íntimas de esta fase interesante de la vida madrileña, hemos de sacar los materiales para proporcionar un rato de solaz a los lectores; y ¡qué cosas tan curiosas y amenas podrán contarse de esas reuniones a las que diariamente concurren los prohombres de todos nuestros partidos políticos!

En el salón de la marquesa de Squilache tiene dos elementos que le diferencian esencialmente de otros de que ya hemos hablado y de los que nos proponemos hablar en sucesivos artículos: son esos elementos el político y el militar.

Entre los políticos, acuden allí de todos los partidos, desde los más conservadores como Tetuán, Castellanos y Tejada de Valdosera, hasta republicanos como Castelar y Carvajal, si bien estos dos ilustres repúblicos, que se honraban con la amistad de la noble dama, no eran de los más frecuentadores de su casa.

Los liberales tienen allí también numerosa representación, entre la que descuellan los ex ministros Puigcerver, Capdepón y Navarro-Rodrigo, comensales a menudo en aquella casa.

El elemento militar es numerosísimo y brillante: Martínez Campos y Primo de Rivera, López Domínguez, Azcárraga, Marín, Echagüe, Borbón, Fernández de Mendoza, Bargés, Correa, el actual ministro de la Guerra y otros muchos acuden, con más o menos frecuencia, a saludar a la marquesa de Squilache y forman parte de sus diarios comensales.

Con osos elementos, por decirlo así, característicos, alterna el puramente aristocrático, que suele estar constituido por las duquesas de Ahumada y Hornachuelos, por las marquesas de la Laguna, Marín y Coquilla; por las condesas de Belascoaín, Orgaz y Vía-Manuel; por las señoras de Echagüe y Díaz Martein y señorita de Caicedo.

No hay asunto de actualidad que allí no se comente y discuta; durante la comida y después de ésta, hasta las once, hora en que se constituyen las mesas de tresillo, cada cual emite sus juicios, y que son éstos autorizados, bien claro lo pregonan los nombres de los ilustres personajes citados, y en más de una ocasión, frases allí pronunciadas han repercutido en las esferas políticas a semejanza del beso dado en Cantón, de que habla el ilustre autor de las Dolaras.

Durante la pasada guerra, ¡con qué ardor, con cuánta pasión se comentaban los sucesos! Los generales, sus amigos, escribían a la Marquesa desde el teatro de las operaciones, y sus cartas llegaban urnas veces como manantial de esperanzas, causaban otras terribles decepciones.

En aquella época los salones de la marquesa de Squilache parecían una sucursal de la Cruz Roja; tal era la profusión de vendas y otros objetos que para los heridos de Cuba y Filipinas logró reunir la caridad de la ilustre dama.

Cuando en el Congreso o en el Senado se inicia una discusión violenta, los oradores que han terciado en el debate reciben allí felicitaciones o censuras, y la discusión parlamentaria truécase allí en amables ingeniosos escarceos, en los que no pocas veces los hombres políticos expresan con más claridad sus opiniones que en el augusto santuario de las leyes.

Desde las once hasta la una todos los asuntos de actualidad ceden su puesto al tresillo; ya no se oye discutir más que por un solo de favor, o por un codillo dado a algún general por una aristocrática dama.

En la mesa de la Marquesa juegan casi diariamente el general Martínez Campos y el Presidente de la Audiencia de Madrid Sr. Gual, alternando con éstos alguna de las damas antes citadas, y el general Primo de Rivera, o los Sres. Echagüe y conde de Munter.

Con este tresillo se sostiene una Escuela de pobres en Madrid; todo el que gana deposita una limosna en un cepillo colocado al efecto, y de esa manera, casi insensiblemente, se reúnen cantidades respetables de que los pobres se aprovechan.
Monte-Cristo

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