Señor
Gutiérrez.
Muy
señor mío y respetado jefe. El lunes, de seis a ocho, más bien a las seis,
para que no hubiera tiempo de volverse atrás, tuve el gusto de entrevistarme con su administrador, al que dejé firmado un papelito. Usted me entiende, ¿verdad? Y para poder firmar con mayor comodidad el recibito... ¡Vaya! Ya se me escapó; yo que no quería que se supiese que habla ido a cobrar, para evitarle a usted la vergüenza de que se sepa que es usted hombre que paga a sus colaboradores, y para poder seguir diciéndoles al alcalde y al juez municipal que trabajo por amor al arte... Pero ya está dicho.
para que no hubiera tiempo de volverse atrás, tuve el gusto de entrevistarme con su administrador, al que dejé firmado un papelito. Usted me entiende, ¿verdad? Y para poder firmar con mayor comodidad el recibito... ¡Vaya! Ya se me escapó; yo que no quería que se supiese que habla ido a cobrar, para evitarle a usted la vergüenza de que se sepa que es usted hombre que paga a sus colaboradores, y para poder seguir diciéndoles al alcalde y al juez municipal que trabajo por amor al arte... Pero ya está dicho.
Bien;
pues iba diciendo, que, para poder firmar con más comodidad, dejé sobre una
mesa mi sombrero, un maravilloso hongo negro, que pesa lo suyo y lo
suficientemente duro para dejar marcada ésa huella violada en mi frente, que
tanto nos favorece a nosotros los pensadores, notando que desde que la bimba
bomba, que diría Ramper, salió de mis manos, tres o cuatro indiscretos, allí
presentes, no hacían otra cosa que mirarla de reojo. Y me escamé. ¿Por qué,
señor, por qué esta curiosidad? Al fin, caí en la cuenta, y me lo expliqué
todo; porque soy más listito yo...
Hacía
poco que "Donantoniorrobles", en una información de Estampa, hablaba
de un hongo que obra en esa Redacción para las fotos de actualidad, digno de
toda loa, y sus secuaces de usted confundieron, sin duda, aquel sombrero con el
mío, temiendo que yo fuese a choricearles un güito, ¿no? Pues no es así. Mi
hongo no es el hongo de GUTIÉRREZ, ni siquira el hongo de Pérez; mi hongo es
mío; es el hongo de González; le tengo conmigo desde que éramos pequeños los
dos, y le debo no pocos dolores de cabeza, porque ya hemos quedado que pesa lo
suyo.
De
manera que, si es que en esa casa ha faltado algún sombrero, yo le suplico,
señor GUTIÉRREZ, haga saber que el Rafael González Castell que ha robado un
hongo, no es el Rafael González Castell que firma esta carta: calvo él,
rotundamente gordo él, una fiera para las judías estofadas, y suyo afectísimo
s. s.,
Rafael
González Castell

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