Seguidores

viernes, 17 de abril de 2020

¿Cuentan los animales? 14 julio 1899 (17.04.2020)

¿Cuentan los animales? 14 julio 1899 (17.04.2020)
No hay que tomar, como base para establecer una teoría los ejercicios más o
menos hábiles que hacen algunos animales amaestrados en los circos, porque muchos de ellos obedecen a señales que, con el látigo, con la mano y aun con la mirada les hacen los domadores.

El doctor ruso Timoíleff ha hecho prolijos experimentos para estudiar hasta qué grado llega la inteligencia de los animales en la cuestión de aritmética.

Los loros — dice — pueden contar hasta cuatro; los grajos, hasta diez; los perros, hasta 24; los gatos, nada más que hasta seis; y los caballos, a pesar de tener justa fama de ser muy estúpidos, son los que se llevan la palma como calculadores.

En una aldea de la provincia de Pokoff, el doctor Timofleff tuvo ocasión de montar varios días un caballo que se paraba cada vez que había recorrido 21 verstas: ora que había sido acostumbrado a que se le diera de comer cada vez que recorría esa distancia. Una de las veces en que el doctor le observó se detuvo tres verstas antes de las 21. Esto despertó mucho la curiosidad del sabio, el cual, prosiguiendo sus investigaciones, descubrió que el caballo debía calcular la distancia por el número de postes de telégrafo que pasaba, pues el día en que cometió el error había, en la carretera tres postes más de señales, que el animal creyó ser del telégrafo.

Otro caballo observado por el mismo doctor estaba acostumbrado a que le dieran el pienso a las 12 del día. Tenía la cuadra cerca de la iglesia, y cuando el reloj de la torre empezaba a dar campanadas, el caballo enderezaba las orejas y se ponía a escuchar. Si las campanadas no eran más que 11, bajaba otra vez las orejas y no daba señales de impaciencia; pero si las campanadas eran 12, mostraba con relinchos su satisfacción y empezaba a agitarse hasta que veía aparecer a su dueño con el pienso.

Un campesino do la misma provincia poseía un caballo que cuando su amo le dedicaba a la labranza se detenía cada vez que había hecho 21 surcos, ni uno más ni uno menos. Era que para entonces el cansancio le dominaba y necesitaba un poco de reposo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario