Ni
todo son verdades ni todo son mentiras. Eso es así, parte de la realidad que
vives. Tú, en tu inmensidad, no dices en su totalidad la verdad, parte de ella
la ocultas.
¿Por
qué?
Esta
pregunta la tendrás que responder tú, como persona que eres. El pensamiento
está en un continuo desarrollo, es una máquina que no para, que no cesa en su
funcionamiento. Piensa en verdad, piensa en mentira; que discurre, que pregunta
o respuesta pude ser la correcta —pero no la verdadera— en cada momento o
instante de tu vida.
No
siempre se elige la que dice la verdad, por uno u otro motivo, obramos de ésta
manera o, por el bien común o el propio, la verdad la ocultamos a veces.
Siempre
tenemos preparada una respuesta a cada pregunta que posiblemente nos hagan,
esto no quiere decir que sea la adecuada o la correcta, a veces, sopesamos que
contestar por diferentes motivos, es decir, buscamos aquella que vaya con el
momento, y también, si la persona la que nos la ha realizado es de nuestro
entorno, es cercan a nosotros, entonces y sólo entonces, vemos si nuestra
respuesta contiene —por decir algo— la verdad.
No
queremos engañar, pero la verdad es muy cruda a veces, y eso nos impide
expresarla correctamente, de ahí que la disfracemos para hacerla más digerible
a los demás, más comprensible, más llevadera.
Esperemos
que aquellos a los que les ocultamos esa verdad o se la decimos a medias, sepan
perdonar, pero no hay otra en ese instante.
Después
de todo esto, volvemos a ver que todo persiste en la lejanía o en la cercanía,
en ausencia o presencia. Vemos que la verdad nuestra no es la de los demás, que
ellos pretenden con sublime astucia que la creamos, pero nosotros en sí,
pensamos, discurrimos, desglosamos, he ahí dónde nos damos cuenta de que esa
verdad que quieren que creamos no existe, es fugaz, se apaga y se desvanece
según se va pronunciando.
De
momento lo dejamos aquí, no queremos enrollarlo más.
La
verdad está ahí fuera, pero no es la tuya.
bayekas

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