Una
rata campesina asomó la cabeza por la entrada de su cueva y vio, no
lejos de allí, una hermosa manzana.
lejos de allí, una hermosa manzana.
—¡Es
para mí! —gritó, apoderándose de ella.
Pero
un mono, descendiendo rápidamente de un árbol, aproximándose a la rata, le
arrebató la manzana y gateo de nuevo a la copa del árbol, diciendo:
—¡Es
para mí!
Un
águila que presenciaba la escena, cerniéndose majestuosamente en el espacio, no
dejó tiempo al mono para gozar de su victoria. Arrojándose sobre él como una
flecha, clavó sus garras en la manzana y remontó el vuelo, exclamando:
—Es
para mí!
Entonces
un hombre, que se dedicaba a cazar en aquellos parajes, se echó la escopeta a
la cara y, con certera puntería, atravesó de un balazo al ave, que cayó a sus
pies agonizando.
—Soy
el primero entre todos los seres. Por algo me denomino rey de la creación -dijo
el hombre, apoderándose de la manzana.
—¡Es
para mí!
Y
le hincó el diente. Pero el fruto estaba huero y del centro salió inesperadamente
un gusano, que le dijo al hombre:
—¡Es
para mí!
M.
de Balmor

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