24
de diciembre de 1995
Siempre
se supo que el político socialista galo (en la foto, en 1994),
residente de la República más tiempo que nadie –de 1981 a 1995–, era muy aficionado a la buena mesa. Sin embargo, fue la publicación de El último Mitterrand (1996), del periodista Georges-Marc Benamou, lo que sacó a la luz un escabroso detalle de su última cena de Nochebuena, que tuvo lugar en su finca de las Landas dos semanas antes de que muriese de un cáncer de próstata. La anécdota que indignó a los ecologistas franceses fue que, tras tomar ostras de Marennes y capón con foie, Mitterrand y sus invitados degustaron un prohibidísimo plato: hortelano, un pájaro amenazado de extinción y cuya caza está perseguida, que además se cocina con extrema crueldad (se le ciega para que engorde, se le despluma vivo y se le ahoga en armañac antes de asarlo).
residente de la República más tiempo que nadie –de 1981 a 1995–, era muy aficionado a la buena mesa. Sin embargo, fue la publicación de El último Mitterrand (1996), del periodista Georges-Marc Benamou, lo que sacó a la luz un escabroso detalle de su última cena de Nochebuena, que tuvo lugar en su finca de las Landas dos semanas antes de que muriese de un cáncer de próstata. La anécdota que indignó a los ecologistas franceses fue que, tras tomar ostras de Marennes y capón con foie, Mitterrand y sus invitados degustaron un prohibidísimo plato: hortelano, un pájaro amenazado de extinción y cuya caza está perseguida, que además se cocina con extrema crueldad (se le ciega para que engorde, se le despluma vivo y se le ahoga en armañac antes de asarlo).

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